Tiene 23 años y apenas un año y medio dentro del Cross Training, pero cuando habla de este deporte lo hace con la convicción de quien ha encontrado su sitio. Martín Soroa llegó al mundo del Cross Training casi por casualidad, con un box cerca de su trabajo en una fontanería. Probó una clase y descubrió un deporte sin límites.

Lo que vino después fue un giro completo: dejó su anterior empleo y volvió a estudiar para dedicarse al deporte. “Quería buscar mi vida en torno al Cross Training”. Le atrapó desde el principio la posibilidad constante de mejora. “Es un deporte que no tiene techo”, explica. Después de practicar fútbol y boxeo, encontró algo distinto: un lugar donde el avance es constante y depende de uno mismo. “No había destacado especialmente en otros deportes, pero aquí sentí algo. Se me daba bien y disfrutaba mucho”.

Hoy se dedica exclusivamente a entrenar. En clase se percibe una conexión natural con el grupo. Hay exigencia, sí, pero también cercanía. Los alumnos confían en él y eso se nota en el ambiente. “Muchas veces es el mejor momento del día para ellos”, afirma. Y esa responsabilidad marca su manera de dirigir cada sesión. Para Martín, cada avance cuenta. Para algunos, conseguir un muscle up es el gran objetivo; para otros, saltar al cajón por primera vez. El reto cambia, la satisfacción es la misma. “Lo importante es el proceso” insiste.

Quien viene por primera vez lo hace con miedo, pensando que no está al nivel o que el resto va por delante. “Todos hemos sido nuevos alguna vez, incluso los entrenadores”, recuerda Martín. Por eso el primer paso no es técnico, es emocional: integrarse, sentirse parte y entender que cada uno tiene su ritmo.

Y cuando, más adelante, las fuerzas flojean, vuelve a esa misma idea. “Intento que recuerden cómo empezaron y dónde están ahora”. Mirar atrás ayuda a tomar conciencia de todo lo avanzado. Lo que al principio parecía imposible termina formando parte de la rutina.

El Cross Training, bien entendido, es un deporte para todos. “Es un deporte que se adapta a la persona”, defiende. Con la progresión adecuada y los ajustes necesarios, cualquiera puede encontrar su espacio. En Larraona, Martín Soroa está demostrando que la edad o la experiencia no siempre marcan la diferencia. A veces, lo que realmente marca la diferencia es la pasión.